Toni Cantó, o la ingrata tarea de atraer a la derecha

A menudo nos encontramos con que la Sabiduría toma unos signos y sus contrarios con igual autoridad. Muchos filósofos, teóricos y pensadores han sido aplaudidos y son hoy reconocidos por mantener afirmaciones que chocan frontalmente con las de otros de sus iguales. Hasta en el refranero español encontramos ejemplos de esto. Si alguien te dice: “cuando el río suena, agua lleva”, siempre puedes responderle: “sí pero, mucho ruido y pocas nueces”.

Hoy, al leer la polémica en torno a Toni Cantó y sus afirmaciones sobre la violencia de género, me encuentro ante una disyuntiva parecida. Por un lado, mi amigo Guillermo de Ockham me enfila con su navaja para recordarme que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla a menudo es la correcta”. Sin embargo, mi abuela siempre me decía: “piensa mal y acertarás”. En este caso, la explicación más sencilla sería que el actor y diputado de UPyD es un suicida político, por no hacer uso de adjetivos más callejeros. Lo más sencillo sería dudar de su sentido común (vuelvo a ser eufemístico), que le ha metido de lleno en este berenjenal. Sin embargo, si nos paramos a comprobar la asiduidad con la que últimamente se habla de Toni, que lleva dos semanas figurando como trending topic día sí y día no, quizás estemos más inclinados a pensar mal. Primero fueron sus afirmaciones (sacadas de contexto) acerca de los toros. Ahora por esto. ¿No será que Cantó se está pringando a propósito? ¿No será ese su papel en el partido?

Efectivamente, si pensamos mal nos daremos cuenta de que la pérdida de votos de los partidos mayoritarios supone un potencial aumento de los mismos para UPyD. Para un partido minoritario como el que dirige Rosa Díez, que pretende pescar en el río revuelto de la crisis política actual, cualquier voto que pueda arañar será bueno. Incluso los de la Derecha (más o menos rancia, podríamos añadir). Para ellos, esos votos suponen la diferencia, como cuando un jugador de baloncesto anota un triple desde el centro del campo en el último segundo, a una pierna y tras dar en el tablero y rebotar cinco veces en el aro. Ese triple puede valer el partido.

Pues bien, en UPyD, el encargado de arañar esos votos de la Derecha es Toni Cantó. No sé si por vocación (porque de verdad cree en lo que dice) o por mandato imperativo, pero en realidad poco importa. Lo que importa es que al bueno de Toni le ha tocado bailar con la más fea, esa infame tarea de ser el mensajero de lo políticamente incorrecto, la foto en la diana de los medios, el encargado de acaparar las críticas con los mensajes más irreverentes, atrayendo así la atención hacia el partido, pero sin desgastar al líder ―prueba de esto último es que la Señora Díez todavía no ha dicho “esta boca es mía”―. En publicidad esto se llama marketing viral y se da en todos los partidos. En todos hay alguien que ocupe este rol, que adopta distintos estilos según el actor que lo interprete, pero que no dejan de ser parte del papel. Por la política española han pasado perros de presa (Pepe Blanco), arpías sin escrúpulos (Leire Pajín), pasmarotes altaneros (Eduardo Zaplana) o asesinos de libros (Wert). Pero todos tienen en común lo mismo, transmitir el mensaje polémico, de forma polémica, para atraer la atención rápidamente sin poner en riesgo la popularidad del líder.

Con las afirmaciones sobre la violencia de género, a Toni Cantó le han dado el Oscar al mejor provocador. Poco importa si los datos estaban o no contrastados, lo que importa es que saliéndose del discurso en un tema que goza de amplio consenso social, el actor ha hecho precisamente lo que mejor sabe hacer, representar un viejo papel (de malo) que le ha dado sus frutos, y puede que votos. Un aplauso para Toni.

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Un cura, UPyD de Cuenca y la marcha proetarra del sábado

Cada domingo, un afiliado, un concejal o un diputado de UPyD acude a misa, por muy laico y ateo que sea, se arrodilla en un lateral del confesionario y, arrepentido, le dice al cura:

-Ave María Purísima, con permiso de Rosa Díez, claro.

-¿De qué te arrepientes, hijo? –pregunta el sacerdote.

-Padre, he pecado de populismo.

Y el cura, que no es de UPyD porque UPyD está a favor del aborto, le vuelve a preguntar que a ver, que cuál es la última, que uno es cura, pero no santo, y humano, y no divino, y que se cansa de escuchar el mismo arrepentimiento tantas veces, y que las absoluciones no tienen sentido si se reincide en el pecado una vez, y otra, y otra, y así. El de UPyD le cuenta lo de Cuenca, lo de la propuesta para retirarle una calle a Mayor Zaragoza, ex de la UNESCO, quien apoyara a Rubalcaba en la campaña para las últimas elecciones generales y quien criticara el bipartidismo pocos meses después, con El Follonero de por medio, claro, y quien apoyara la marcha proetarra del sábado en Bilbao -sí, proetarra-. Menudo marrón me ha caído, piensa el sacerdote.

El cura, que es bastante golfo y amigo mío, se confiesa a su vez conmigo, rompe su secreto de confesión -y por tanto, peca-, me cuenta lo del tipo de UPyD y me pide opinión. Yo le digo que el asunto es delicao, que qué le voy a contar de UPyD que ya no sepa everybody, pero que, en este caso, yo estoy con la formación de Rosa Díez, por muy populista que sea su propuesta.

Yo le digo que las miles de personas que recorrieron Bilbao el sábado por la tarde no son ETA, pero que sí apoyan a ETA, a sus sucedáneos, o a una propuesta de ETA y de sus sucedáneos, y que eso no va conmigo, y que lo del acercamiento de presos de la banda terrorista -no es que sea la Banda del patio, precisamente; que se lo digan a las familias de las 858 víctimas mortales– pues como que no lo veo, porque no tiene lógica, porque lo de los “presos políticos” es un cuento de terror, tan negro como uno de Poe o uno de Lovecraft, pero en malo, porque qué tiene de político pegar un tiro en la nuca, mutilar a inocentes, poner coches bomba, secuestrar por meses, asesinar en masa. Si eso es política, a mí que me pongan de Presidente del Gobierno a Hannibal Lecter, que es listo, y de ministro de Defensa a Cara de Cuero, el de La matanza de Texas, para que así los desfiles del 12 de Octubre sean más gore, motosierras en marcha incluidas, portadas por la Legión.

Yo le digo que, como ciudadanos libres, todo el mundo está en su derecho de jalear, incluso, a los reos de una banda asesina -aunque no todos tengan delitos de sangre, repito-, pero que no confundan al personal, y lamento, ay, que el entorno de ETA haya ganado la guerra del lenguaje. Y uno no entiende –o sí, que es lo peor- la postura de gente como Sánchez Gordillo, Pilar Bardem o Joan Tardà, quien llamara a Wert “terrorista social”, pero quien acude a manifestarse por los derechos de unos tipos que son terroristas sin metafísica, terroristas a secas. Copón, Tardà, a ver si nos aclaramos.

Se acaba la conversación con mi amigo el cura y, para concluir, recurro a Manuel Jabois, columnista de El Mundo, que este lunes plantea algo así como oyes, ¿y si ETA hubiera violado en lugar de haber matado?, y pregunta si se “manifestaría Mayor Zaragoza entre familiares de violadores”. Recemos porque así no sea. Amén.

Y ahora, si eso, llamadme fascista.