Olvido Hormigos, pesadilla de ‘hipsters’

Una taza de café vacía, un libro de Manuel Puig y la portada de la revista QMD!, con Olvido Hormigos de protagonista, conforman el paisaje atípico, mi zoológico de variedades, en la mesa que ocupo en la redacción, tan de madera y tan convencional, en su esencia. Lo que tiene que aguantar el pobre mueble, ay por él.

La Hormigos –permítaseme el artículo previo al nombre, que es cosa muy de La Mancha-, como la crisis, Apple o las suegras viudas, ha llegado a nuestras vidas para quedarse. Olvido no quiere hacer honor a su nombre y se integra con Belén Esteban, Sonia Ferrer o Falete –este último, de la competencia- en la liga del marujeo, del cotorreo y de la conversación de las señoras que esperan su turno en la peluquería –o de los señores que versan en la tasca sobre el último gol de Ronaldo y las bragas de su novia rusa; líbreme Dios de cualquier tipo de machismo-. Se ha dado cuén de que la política no es lo suyo, de que para qué cobrar –digo yo que dirá ella- como concejala de Los Yébenes pudiendo llenar la nevera y el maletero del carro tirándose desde un trampolín piscinero y enseñando, en un baño de desnudez intencionada y PhotoShop barroco –o rococó, dependiendo de la foto-, las ubres dobles, que diría José Luis Coll, en la revista Interviú –y por partida doble, por si se dejaba algo-.

Hormigos pasa de Luis Cernuda y de habitar en el olvido, porque eso no fabrica billetes –ni el olvido ni los poetas, se quiere decir-, adopta los dogmas del Carpe diem de Vasile y descubre que, como a los tiburones el olor de la sangre, el ecosistema del plató, del paparazzi, del representante y de la discoteca VIP le gusta. Olvido, oruga inocente y provinciana, se tornó en crisálida con la cosa del vídeo virtual y guarrón para derivar, finalmente, en una mariposa -¿o en una polilla?- que disfruta del “dicen que dicen”, de la polémica, del rumor no confirmado y del desmentido cortoplacista, todo ello pagado al contado, si puede ser.

Olvido ha vuelto envuelta en magia cutre, como un Yafar femenino y toledano, a las portadas de la prensa del corazón, en este caso, ya se ha dicho, a la de QMD!. La acompaña un tal Asdrúbal, cubano de profesión y exmarido de Bibiana Fernández de procedencia –mediática, se quiere decir-. La publicación, rica en bocadillos con gracietas picantotas -¡qué tunantes!-, insinúa lo que ha querido insinuar la exconcejala socialista: que con el famosete hay tonteo, vaya, o que puede que no, pero que en eso consiste el negocio: en sembrar la duda, el suspense, para aparecer en un par, en una docena, o en un par de docenas de Sálvames y demás marcas blancas, poco a poco, que esto es como una serie, y del mismo modo que la pedorra de la esposa de Rick Grimes no muere en el primer capítulo de The walking dead, o que toda la realidad resulta ser un sueño de Resines, no puedes soltar, a la primera de cambio, que te has liado con Fulano o Mengano –cualquier queja sobre este párrafo, a los de Seriemente, por favor-.

Concluyo diciendo que a mí, lo único que me interesa de esta historia, es la crónica del mugido no anunciado del marido de la nueva musa antihipster –me remito al posado de Interviú-, del que casi no se sabe nada, salvo que la perdonó cristianamente. “Olvido es Olvido y yo soy yo”, creo que declaró en alguna parte. El cónyuge de la exconcejala ya ha roto su silencio, pasando al modo vibrador –no piensen mal, lascivos-. A ver cuándo escuchamos su tono de llamada.

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