La rajada de Aznar II: “Yo no estoy contra nadie; estoy con los españoles”

El presidente del Congreso, Jesús Posada, presenta junto a Aznar, Ignacio Astarloa y un profesor con poco pelo -perdón por no tomar nota del nombre- las biografías de tres de los máximos estandartes de la Restauración, régimen decimonónico, liberal y extinto, que murió de carcoma, de un tiro anarquista o de un golpe de estado, ustedes elijan. El caso, que los biografiados son Cánovas, Maura y Silvela. Jesús Posada, quien calificara a Aznar como “cosa del pasado” tras su rajada monumental en Antena 3 ante la señora de Piqué -me refiero al exministro que padeció agujetas de tanto postrarse ante Bush, no al  futbolista del Barcelona-, acoge en la institución que preside un acto de la Fundación FAES sobre tres políticos de finales del siglo XIX/principios del XX, queriendo distinguir, quizás, entre lo viejo y lo antiguo, entre el pasado que no duele y el pasado reciente que todavía, quien sabe, tiene opciones de convertirse en presente.

El Gobierno está escocido y todos sus miembros plantan al presidente de honor de su partido: el bombardeo en el canal del señor Lara fue demasiado visceral, despiadado, realista y doloroso. Ninguno de los ministros ha tomado aún la dosis adecuada de Hemoal para curar el escozor -como mucho, Ana Mato, por ser de Sanidad, pero tampoco ha hecho acto de presencia, quizás, por estar en una sesión de rayos UVA-.

Aznar llega al Congreso y Posada se retira con él previo abrazo. Al empezar la presentación de las biografías toma la palabra el presidente de la Cámara Baja, que ensalza la relevancia histórica de los biografiados; el siguiente en parlamentar es Ignacio Astarloa, que afirma que lo de Cánovas y la Restauración era “democracia”, así, tal cual, pese al caciquismo imperante, al turno de partidos, a los fraudes electorales, a la “ruleta del poder” de Ortega y Gasset, que nos lo explicaba muy bien en primero de carrera al David García y a mí el profesor Fuentes Aragoneses, genio genial complutense.

Aún así, el diputado por Madrid tiene parte de razón. Yo creo que no hemos cambiado tanto y que nuestra noción de “democracia” se asemeja bastante a la que tenían Cánovas y Sagasta -y Silvela, que no me olvido de él- hace más de un siglo. Tras Astarloa interviene el profesor con poco pelo, que no dice nada interesante y que afirma que la “España actual”  es “democrática y liberal”. Yo creo que se equivoca en las dos cosas.

Redoble de timbales, suenan las trompetas del Apocalipsis, Rajoy tira de la cadena tras sufrir un fortísimo apretón y Montoro supura veneno de sus colmillos fiscales: ha llegado la hora de Aznar. Los periodistas esperamos la rajada inmisericorde, el ataque rápido no mortal que deja a la presa mal herida y facilona para que el gran depredador acabe finalmente con ella, pero el expresidente, que el otro día fue un cubata cargado, adopta este lunes el rol de Coca Cola Light, por no citar a la infame Coca Cola Zero: la Restauración fue la leche, y blablabla, la URSS y el comunismo fueron muy malos, y blablabla, la Restauración y la Transición fueron procesos claves en nuestra Historia, y blablabla, rajada contra Zapatero -“pasamos de reconocer la pluralidad a impugnar lo que nos une; se impuso un relato de revisionismo estéril y de división”- que no interesa, porque Zapatero es, voluntaria y políticamente, un cadáver, y blablabla, y el discurso que se acaba, y Rajoy más tranquilo, de esta me libro, ay qué bien, que ya me estaban tocando en exceso las barbas las últimas portadas de El Mundo.

Aznar concluye: “Yo no estoy contra nadie; estoy con los españoles. No más que nadie, pero tanto como los demás”. Que digo yo, tan tautológico, que si los españoles están contra Rajoy y Aznar está con los españoles, blanco y en botella, aserejé. Ahora sí que hay redoble de timbales. Ahora sí que suenan las trompetas del Apocalipsis. Y Rajoy sufre otro apretón, y vuelven a volar bolígrafos sobre las cabezas en Génova, y Montoro grita en una garita del ministerio de Hacienda, y Pedro J. Ramírez se frota las manos, y yo me pongo a escribir este artículo.

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Breve sociología del ‘canaperismo’

El miércoles asistí a un desayuno informativo protagonizado por el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, en el hotel Palace. El martes me tomé el cruasán en el hotel Jardín Metropolitano con el ministro trinitario –Educación, Cultura y Deporte- Wert y con la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, tan presente en la política, pese a su retirada convencional, como las manchas en la piel del dálmata o el veneno en el aire contaminado del centro de Madrid.

Me he aficionado a los desayunos informativos por mi doble condición de –todavía- becario/periodista. En un artículo recogido en Londres, Julio Camba hablaba de la precaria maleta de los plumillas, porque Camba viajaba más que Phileas/Willy Fogg, y se permitía el lujo de hablar de maletas anoréxicas; yo, por mi parte, lo que tengo precario/anoréxico es mi frigorífico, y más que lo voy a tener como me aficione a la tournée de los desayunos informativos. “Te has convertido en una ‘canapera’”, me dice el compadre Luis Fernando Quintero.

Comparando los dos desayunos a los que he acudido esta semana –perdón por la pobreza de mi empirismo, pero es lo que hay-, afirmo con rotundidad que la izquierda ofrece mejores desayunos informativos que la derecha, en lo que a comida se refiere, claro, que al fin y al cabo es lo que de verdad me interesa. Un personaje de El disputado voto del señor Cayo de Miguel Delibes dice que él se mete en política para que todo el mundo tenga un mayor confort, que no comulga con el sacrificio. En eso ha quedado la izquierda partidista/sindical española. Lo demuestran los desayunos que organiza, más burgueses que nada y que nadie. Quizás la ideología no tenga nada que ver porque, ahora caigo, el organizador del desayuno de Toxo no fue CCOO, sino Fórum Europa, pero bueno, la anterior tesis me ha quedado muy bien, y la intención de este artículo es más literaria que científica. El Foro Popular de Madrid puso pocas mesas para los periodistas, nos situó en el abismo de la sala y se limitó a servirnos tres trozos de bollo –seis trozos en un plato para dos-, una jarra de zumo y café. En el caso de Toxo, los periodistas ocupábamos más espacio, más sillas, comimos y bebimos más y mejor y hasta pudimos repetir. Qué buenos y sofisticados los sándwiches, qué sabrosa su repostería, y el zumo, ay, el zumo, tan natural, tan diferente al que compro yo en el Carrefour, de marca blanca. Parecía una boda.

Así, en cuestión de desayunos: Toxo 1, Aguirre/Wert 0.

Lo más duro del desayuno de Aguirre/Wert fue conseguir ocupar un espacio. Había dicho antes que a los periodistas nos situaron en el culo de la sala, justo detrás de un ejército de ediles, alcaldes, consejeros y demás cargos del PP, al fondo, apiñados y con cuatro migajas de repostería, aunque de muy buena calidad, todo sea dicho. Atravesar esa legión de peperos con pedigrí no fue moco de pavo por la enorme dificultad que estos tenían para levantarse de o retirar la silla del pasillo. Un por favor, puede levantarse, un segundo por favor, puede levantarse, y sí, se levantaron, pero con mala hostia, y quién es usted para dar tanto el coñazo, pues mire, un periodista, que aunque parezca mentira, también semos importantes en este tipo de actos, oiga.

Y yo, mientras suplicaba a señoras con quince kilos de maquillaje en la cara y a señores cuya corbata valía más que toda la ropa que llevaba en el momento que me dejaran pasar, inocente, me acordaba del Olvidito, niño muerto/ahogado/mágico de Las giganteas, de Umbral, que pesaba poco, que solo era una ánima, y que podía llegar a cualquier sitio, sin salirse del río, claro.

Qué fácil lo hubiera tenido el Olvidito.

Sí, HAY extrema derecha en España.

Existe un fascismo latente en la sociedad española. Si bien es cierto que siempre ha estado ahí, no es menos cierto que las situaciones de crisis del capitalismo ya han hecho aflorar a la extrema derecha en otros momentos del siglo pasado.
En un vista rápida sobre Europa, observamos diferentes siglas bajo las cuales se mantienen unos lemas comunes: aislamiento los ciudadanos autóctonos, que se sienten rodeados y menospreciados por los inmigrantes y cuya delincuencia sufren, abuso de los servicios públicos por parte de estos últimos e impotencia ante el inmovilismo de los gobiernos socialdemócratas. Francia tiene el Frente Nacional de la familia Le Pen. En Italia tienen a la Lega Norde y a Casa Pound. En Rusia está el Partido Nacionalista, en Inglaterra encontramos al Partido Nacionalista Británico y a la Liga de Defensa Inglesa, al igual que en Holanda y en Bélgica existen formaciones que mezclan tradicionalismo con xenofobia, como el Vlaams Belang. Sin embargo, por encima de todos ellos destaca el caso de Grecia, donde Amanecer Dorado consiguió el 15% de los votos en las últimas elecciones y apunta a una intención de voto superior al 20% según todos los sondeos helenos. El argumentario apenas ha evolucionado desde el final de la segunda guerra mundial, cuando se consideró al fascismo como “una ideología muerta”, aunque el acento se ha ido poniendo en diferentes asuntos segun ha convenido; sirva como ejemplo el de formaciones como Democracia Nacional (a imitación de la ultraderecha suiza), que saltó al conocimiento público con una cartelería que representaba a una oveja blanca desplazada de un rebaño de ovejas negras. Esta campaña se lanzó justo en un momento de máxima llegada de inmigrantes a nuestro país, cuando se les podía acusar de provocar cualquier tensión social y aún había quien veía la relación entre ambos factores.

El antropólogo americano Oscar Lewis escribió varias obras en base a su teoría sobre la “cultura de la pobreza”. Grosso modo, describía unas tendencias sociales y relacionales entre los individuos de países del “tercer mundo”, entre las cuales imperaba la abnegación y la impotencia. En base a esto, muy pocos son los inmigrantes que llegan a un país como España con plena conciencia de su situación, sus derechos y las maneras de protegerlos y exponerlos en caso de abuso. Aceptan cualquier situación laboral porque cualquiera es mejor que la que abandonaron en su lugar de origen. Aceptan cualquier trato por parte de la sociedad porque no se busca su integración, sino su adaptación a “lo que hay”. ¿Por qué se permite su trata? ¿por qué no es ilegal contratar por menos o por más según el gusto del contratante? Ocurre que en época de crisis, y más aún tras la aprobación de la reforma laboral (y su inmenso lago de imprecisiones en cuanto a condiciones laborales y nuevos contratos), muchos españoles sin empleo ven a inmigrantes trabajando en restaurantes, obras en inmuebles o tareas de limpieza. No se cuestionan cómo se les está tratando ni por qué se permiten semejantes situaciones irregulares, solo sienten que extranjeros “les roban el trabajo”. ¿POR QUÉ ES ESTO POSIBLE ?: Miremos el vídeo y volvamos a leer este párrafo.

“Piensa en los tuyos” (punto blogspot) es un ejemplo de espacio de ultradereha en la red y, al mismo tiempo, de lema populista eternamente usado por nacionalsocialistas, nacionalcatólicos, neonazis, “nacionalistas conservadores”, etc. Ahora, como novedad, se  en nuestro país se usa mucho el término identitario, acuñado por la extrema derecha italiana para esconder la naturaleza racista. “No odiamos al resto de razas, sencillamente consideramos que estamos por encima. Tampoco somos xenófobos”, declaraba un cabecilla de Casa Pound en Roma el pasado 2011, quien estaba siendo investigado por ser amigo del hombre que disparó y mató a dos inmigrantes senegaleses en Florencia hace ahora un año. Aludo a este ejemplo como otros tantos que se pueden encontrar en referencia a los griegos de Amanecer Dorado en los últimos años, que a menudo destapan casos como este. En muy raras ocasiones plantean iniciativas sociales, proyectos, de nuevo sin perder el toque populista sin el cual estarían perdidos y no tendrían ni el mínimo apoyo social con el que cuenta hoy en día. Los hay que critican la política de recortes, que se incendian ante la austeridad e incluso, en muy pequeño número, que se declaran anticapitalistas. De entre lo que “proponen”, más allá de la verborrea que solo busca infundir odios, destaca su autodenominación como “patriotas”. Muchas autores han hablado del patriotismo como un amor al propio pueblo, a su idiosincrasia, no como el apego a los símbolos nacionales; la bandera no se come, el himno no paga tus facturas . Pues bien, he aquí que más allá de varios comedores populares al año para adecentar su maltrecha imagen, la bandera parece su única causa. ¿Piensan cuidar de todos los españoles? No, para nada. Si tienen dinero, si son blancos, conservadores, si están dispuestos a cumplir sus mandatos autoritarios, si son heterosexuales, si son inflexibles con el progresismo y se exaltan con todo símbolo nacional, constitucional o no, entonces sí. Todos los demás “no son españoles de bien”. Baste el ejemplo de un homólogo holandés que recientemente propuso anexionar a Amsterdam una “ciudad para los despojos“, esto es, para toda aquella persona que no cumpla los requisitos anteriores. (texto en inglés)

El fascismo es un instrumento del capitalismo más salvaje, su chaleco salvavidas en momentos de crisis. Critican duramente y plantean eliminar a la oposición a las medidas neoliberales de la derecha institucional, acusándoles de “atacar a la unidad y estabilidad nacional”; todo el que no está con ellos está contra ellos. Como sistema que necesita de constante saneamiento por su putrefacción, el capitalismo que hoy ahoga a España permite la existencia del fascismo en nuestro país. Cuando la Fundación Nacional Francisco Franco buscaba un lugar para celebrar el 120º aniversario del nacimiento del dictador, fue necesaria una exhaustiva campaña de denuncia pública para que no se albergase el acto en un edificio público. Una vez este acto fue movido a un hotel madrileño, más de 80.000 firmas fueron necesarias para su cancelación pero, lejos de ser cancelado, se trasladó a un restaurante situado en el parque nacional de El Pardo. Si por el Estado español fuera, la ultraderecha camparía a sus anchas, a la permisividad me remito. Un último ejemplo es el idéntico proceder de PP y la pléyade de ultraderechistas, empezando por Plataforma per Catalunya, quienes han atacado ferozmente todo nacionalismo que no sea el español en las últimas elecciones regionales en País Vasco y Cataluña.

Más allá de planteamientos guerracivilistas que suelen surgir en estos debates, se hace MUY necesario poner en claro una cosa: la mayoría de la sociedad española es antifascista y no lo sabe. La mayoría no es racista, ni odia a los progresistas, ni es homófoba, ni propaga odios xenófobos, ni quiere imponer sus ideas por la fuerza, ni, en general, es autoritaria ni violenta. Así pues, denunciar a la ultraderecha y sus odios es imperativo, urgente, pues las “nuevas marcas”, en referencia al carácter identitario del que se hablaba más arrriba, confunden y nublan el juicio. Baste un ejemplo actual para acabar con esta reflexión: Álvaro Pombo, imagen intelectual de Unión, Progreso y Democracia, ha asegurado en numerosas ocasiones que “con Franco todo esto no ocurría”.

Claro que no, Álvaro, ni con los Reyes Católicos.Grece-dos-d-Hassan-Mekki_articlephoto

“No es un suicidio, es un homicidio”

En la mañana de este viernes, momentos antes de que una comisión judicial la obligase a abandonar su casa, Amaia Egaña, vecina de la localidad vizcaína de Baracaldo, se subió a una silla y se lanzó al vacío, desde el cuarto piso del inmueble que habitaba. El jueves 25 de octubre, un hombre de 53 años se ahorcó en su casa de Granada por el mismo motivo. Mientras, en Burjassot (Valencia), otro ciudadano se tiró desde el balcón de su vivienda, un segundo piso, justo cuando otra maldita comisión judicial le iba a echar de su casa.

Según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el segundo trimestre de este año los desahucios solicitados ascendieron a 18.886, mientras que los órganos judiciales acordaron la práctica directa de 29.275 desahucios. Entre 2006 y 2011, se presentaron en España 396.943 ejecuciones hipotecarias, y en el primer trimestre de 2012, alcanzamos la media de 510 desahucios ordenados al día.

A las 19:30 de la tarde de este viernes, miles de personas –ocho mil, según los organizadores- se han manifestado en Baracaldo. Por fin, en un evento de este tipo, se han coreado y se han leído lemas que no se andan con rodeos y chiquitas; consignas directas, crudas y realistas, como “Asesinos”, “Ellos la pasta, nosotros los muertos” o, mi favorito: “No es un suicidio, es un homicidio”.

En mi humilde opinión, ya va siendo hora de que en las manifestaciones se digan cosas en serio y de que los mensajes apunten a la cabeza del enemigo, como si fueran dardos, y no mensajitos con emoticonos de ‘whatsapp’. Basta de los “que no, que no, que no nos representan”. Basta de los “esta crisis no la pagamos”. Basta del “banquero que no bote”. Esas gilipolleces no van a ningún lado. Llamémosle al pan, pan; al vino, vino, y al asesino, asesino.  Dejemos atrás eufemismos, algodones de azúcar y batucadas, por favor. Digamos las cosas en serio. Plantemos cara a estos malnacidos en serio.

¿Qué han dicho los partidos políticos al respecto? Nada interesante. Salvo el portavoz de la Presidencia de Ezker Anitza-IU, Íñigo Martínez, que ha calificado de “asesinato” el suicidio de Amaia, todos se han salido por la tangente y han empleado un lenguaje políticamente correcto. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dicho –con esa vehemencia tan firme y furtiva que le caracteriza- que el Ejecutivo plantea “paralizar los desahucios de las familias más vulnerables”. ¿Cómo? Ni idea. ¿Cuándo? En breve. Y así.

Por último, lamentar que hayan tenido que suicidarse tres personas para que el PP y el PASOK, digo, el PSOE, empiecen a mover el culo para hacer como que se interesan por el asunto. Yo animo a las malditas comisiones judiciales a que acudan a la calle Ferraz, a la calle Génova, a la Moncloa, al Congreso de los Diputados, al Palacio de la Zarzuela, al Palacio de la Presidencia de Andalucía o a la Generalidad de Cataluña, para entregar el mismo mensaje fatal, terrible y sangriento que entregaron a Amaia, al vecino de Granada o al de Burjassot. A ver si tenemos suerte y se suicidan unos cuantos –políticamente hablando, quiero decir-.