El ‘Harry el Sucio’ de Cambil

Congreso de los Diputados. Una planta rodadora cruza el escenario, Jesús Posada bebe Jack Daniels en el saloon y una nube de polvo se avista en el horizonte. Tras ella, se distingue la figura de un personaje armado con un revolver tributario y una cartera del Ministerio de Hacienda. “¿Es Speedy González metido a inspector?”, pregunta un vedel. “No, este no es tan moreno”, responde uno de los leones pétreos que flanquean las puertas del lugar –el otro está en el urólogo: literalmente, no tiene huevos-.

Una sombra de miedo se extiende entre los villanos –habitantes de la villa, quiero decir-. “Sé quiénes sois, sé que habéis defraudado y os voy a crujir”, amenaza desde su tribuna Cristóbal Montoro, ministro del Reino, Harry el Sucio de Cambil y Chuck Norris hacendístico.

Montoro agarra su revolver, apunta en abstracto y dispara. Primero amenazó con hacer públicos los nombres de los defraudadores, y no dije nada; después atacó a los actores, y no dije nada; luego, a los partidos políticos, y no dije nada; ayer apuntó –en abstracto, ya digo- a los “creadores de opinión”, y entonces me acojoné –eso sí, también en abstracto-. Ay, si Martin Niemöller levantara la cabeza.

Montoro sonríe, muestra sus dientecillos fiscales y el contribuyente tiembla. El ministro se proclama inquisidor del fraude, elabora una amnistía fiscal –una “medida excepcional para incentivar la tributación de rentas no declaradas”, perdón- y fracasa: afloran 40.000 millones, pero la recaudación solo asciende a 1.200 –el 3% del total-.

Ante semejante frustración, Montoro se encierra en su despacho, maldice en arameo, se viste de Templario y se erige como líder de una Cruzada populista, inútil y orwelliana. El ministro aún no ha mordido. Se ha limitado a ladrar con halitosis y a señalar. Los últimos estigmatizados hemos sido, como ya decía, los periodistas, que no solo somos “creadores de opinión”, sino que informamos. ¿Que algunos colegas habrán choriceado lo suyo? No lo dudo: hasta los santos pecaban. Sin embargo, el justiciero de Cambil no ha apuntado hacia un personaje concreto, sino a un colectivo, a un gremio y a unos profesionales tan imprescindibles en una democracia como el mismo cargo ministerial –si no más-.

Montoro ha hecho un amago de declaración de guerra a los periodistas, una especie de amenaza fruto del escozor que produce el goteo constante de no solo críticas, sino de informaciones sobre el Gobierno, sobre el Partido Popular y sobre él mismo. Su advertencia, eso sí, denota una cosa: por mal camino va el ministro; por el correcto, los informadores -pese a los infinitos defectos de la prensa nacional-.

Y que viva el Periodismo –con mayúscula- libre.

COMPARECENCIA DE CRISTÓBAL MONTORO EN EL CONGRESO

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El periodista parado

El periodista parado

Licenciado, con máster e idiomas, a las puertas de una empresa de trabajo temporal. Piensa en lo que harán cuando entregue su currículum. ¿Le atenderá una persona menos formada que él? ¿Una con trabajo remunerado? ¿Habrá hecho prácticas sin cobrar durante años? ¿Será una máquina que habrá sustituido el trabajo de esa persona?

Entra, se sienta y espera, tal y como le dice uno de esos tipos que no está parado y que busca trabajo para loosers. Son humanos, aunque su trabajo es perfectamente sustituible por el de una máquina.

El baño está abierto, y el grifo gotea. Esto le provoca unas ganas de orinar terribles, ya que los parados beben mucha agua. Agua del tiempo, que es algo que les sobra. Tras la sacudida, mira el rollo acabado de papel higiénico. Su CV servirá para algo menos que esos cilindros de cartón que tanto le gusta estrangular y encestar en alguna papelera. Al menos hizo las copias en blanco y negro, medita, no ha perdido tanto dinero.

-¿Qué trabajo buscas?

– El que sea. Vengo de buscar en lo mío. Estudié periodismo…pero es imposible encontrar algo en este mundo. Infojobs, primerempleo, iberempleos…ah, y esas páginas en las que no quieren que copies tu CV, sino que quieren que te pases una hora rellenando formularios para acabar diciéndote que ya tienen tu CV y que te llamarán en caso de que les interese. Como si supieran que a ti te sobra tiempo. Sé que la cosa no está fácil pero le dejo mi Currículum para que al menos usted también sea consciente de la injusticia que se está cometiendo.

También sé que mi fuerte son los idiomas porque lo de la carrera, eehhm, me da la risa.  Podría probar como teleoperador, quizás, o de recepcionista. O en encuestas callejeras. Como soy periodista se asume que tengo mucha labia y soy simpático y extrovertido. Las ancianitas se pararán encantadas.  También puedo trabajar de peón, aunque suelen exigir experiencia. Puedo mentir, sé mentir, soy periodista. Si no consigo un trabajo no puedo comer, así que prefiero mentir y decir que he trabajado de camarero en 4 sitios con nombres ingleses. Lo inglés es más cool. Si dices que has trabajado en el Bar Pedro, probablemente le dé igual a todo el mundo. Si lo haces en un starbucks, aunque tus funciones se limiten a rellenar cartones con café prefabricado, sonará mejor. Pasa como con los Community Managers. Ponga que yo he sido uno de ellos. Nadie sabrá lo que he hecho, y si me lo preguntan, no vaya usted a creer que no puedo decirle qué hacen. Le ponen el nombre en inglés porque como alguien sepa exactamente lo que es, se les caería la cara de vergüenza. ¿Quién mintió? De nada ha servido la ilusión y el esfuerzo. No existe ningún tipo de justicia universal. La ley del más fuerte impera en las calles. Encontrar trabajo se ha convertido en una lucha por la supervivencia y el sueño (¿americano?) se ha transformado en la pesadilla.

– ¿Desea algo más?

– No, gracias, solo he venido a desahogarme y a tener así una historia para mi blog. A pesar de mi situación, mis ganas de contar historias reales siguen intactas. La vocación es clave si quieres seguir en la secta. Perdone las molestias. Buenas tardes.