El nuevo traje de ‘El Mundo’

Escribo mientras comparto butaca con Luis María Anson, así, sin tilde. Es curioso: él, con su pelo de plata, sus arrugas en la jeta, porta una tablet/iPhone/equis, como se llame; yo, veinticuatroañero, miembro de la generación Facebook/Whatsapp, gasto cuadernito de cuadros y bolígrafo de propaganda. Será cosa del sueldo. Me hallo en el Medialab-Prado, un sitio azul y tecnológico, cubriendo la presentación de la “nueva piel” de El Mundo. Me encuentro con Jesús Nieto rondando por los matorrales humanos y trajeados de la jet, la gente VIP de la tecnología. El columnista de El Mundo de la Tarde me pide que lo cite en mi artículo -¿qué trabajo me cuesta?- y telefonea a Raúl del Pozo, el maestro sabio y bueno, quien me envía un abrazo a través del éter -yo le correspondo con otro, faltaría más-. El periodista de Cuenca dice que no viene al acto porque está “a tomar por culo” -de donde él vive, se entiende-. Asiste también Núñez Encabo, profesor de mi facultad, presente en el Congreso el día aquel en que un paleto con tricornio y bigote, con tantos huevos como poco cerebro, acojonó a la nación de naciones, que diría Zapatero. Abandono la sala principal para dirigirme al -Señor, perdóname por utilizar este palabro- photocall. Me topo con Su Ilustrísima/Su Majestad/Macho Alfa/y sinónimos así, me topo con, decía, Pedro J. RamírezLe saludo, le digo de donde vengo y me atiende con simpatía. Se muestra orgulloso cuando dice que no ha invitado “ni a políticos ni a famosos“, quienes están en el 15º aniversario de La Razón, entre príncipes de Asturias y belenes-estébanes. Vuelvo a la sala. Los camareros sirven vino blanco, vino tinto, zumos de cuatro/cinco tipos, champán. El Mundo cambia de piel y hay guapa gente de derechas, volviendo al padre Umbral, celebrándolo. Primero habla el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano; después, Pedro J. llena su intervención de “relaxing cup of coffee”, de Alicia en el País de las Maravillas y de un cuadro robado de Rembrandt. Dice el director del periódico que “algún magnate seguirá mascullando, como la Reina de Corazones, ¡que les corten la cabeza!” y que, para evitar la decapitación, han tenido que “reconvertirse”. “Necesitamos recuperar la rentabilidad para defender la independencia”, añade. Me gusta El Mundo por ser, ante mis ojos, al menos, el gran diario más independiente que hay en España. Que así sea por los siglos de los siglos.

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Problemas de Corinna

Le comento a un amigo mientras caminamos por la Gran Vía madrileña:

-Lo de Corinna traerá problemas.

-¿Tienes problemas de orina? -es gallego y está algo sordo, por eso responde así: preguntando y errando-. ¿A tu edad?

-No. De Corinna -le respondo-. Aunque si la rubia tuviera quince años menos, quizás también me dolería el p…

Corinna zu No-Sé-Qué dice que no es una mujer fatal y que guarda silencio, pero pone patas arriba a todos los Peñafieles del Reino de (¡¡CUÁDRENSE!!) España y aparece en más portadas de la prensa rosa -incluido El Mundo, ay- que el embarazo zoófilo de una concursante de Gran Hermano. Corinna nos cuenta en ¡Hola! que el asunto ese del yerno de su amigo Juancar le trae quebraderos de cabeza, que ella es más inocente que los niños judíos esos que mató Herodes hace dos mil y pico años en Belén y que está destrozada, porque pierde clientes importantes y en la jet, ya se sabe: las fortunas son, como diría cierto personaje de La hora chanante, más grandes que África y que Asia.

Corinna zu No-Sé-Qué embauca a las fieras que anteayer le mordían, hipnotiza a Pedro J. Ramírez -a ver cuánto dura el idilio periodístico del director de El Mundo con la princesa germana- y protagoniza, este miércoles, un “excepcional reportaje” sin firmar en el ¡Hola!Corinna posa como la esposa de un burgués rico renacentista que va a ser retratada por un pintor italiano. Los medios saben que las fotografías de la “cercana amiga” de nuestro Jefe de Estado valen su peso en oro -o en marfil: de sobra es conocida su afición de cazar elefantes en Botsuana- y las marcan, como si fueran reses, con una C de Copyright más grande e imponente que el propio despacho de Doña C (de Corinna, digo ahora). “Su imagen no se toca, ¡que te meto!”, vienen a decir.

La palabra de Corinna es sagrada. En el siglo XXI recuperamos el carácter sacro de la monarquía. Por eso nadie duda de su verbo, de su mirada, de su cruce de piernas. Si Corinna dice que no tiene nada que ver con el caso Nóos, la creemos (palabra del Señor); si Corinna dice que lo de buscarle currele a Urdangarín era por hacerle un favor al Juancar, la creemos (palabra del Señor); si Corinna dice que el Rey es el “mayor valor” que tiene España en el extranjero, no podemos resistirlo, nos pasamos lo regio y lo divino por el forro y nos descojonamos vivos.

Corinna zu No-Sé-Qué apesta a perfume caro y a versión oficial, a “aquí no ha pasado nada” y a “ponga usted los ceros que quiera en este cheque, pero publique lo que le digo”. Uno, poco propenso a las conspiranoias, sí piensa que, dado el pésimo estado en el que se encuentra la Casa Real, las entrevistas concedidas por la amiguita de nuestro Rey -la de El Mundo, no lo sé; la del ¡Hola!, casi seguro- han pasado unos cuantos filtros. Es más, diría que lo que hemos podido leer hoy en ¡Hola! no es, ni tan siquiera, un producto periodístico, sino propagandístico, parido probablemente a muchas bandas -metafóricamente, se entiende-. No sabemos si el Rey irá de verdad en moto, pero lo que sí que está más que claro es que nos quieren vender una y de las gordas.

Mientras, el Clan de los Borbones sigue en su lujosa, palaciega y decadente nube, creyendo que lo de Corinna ha convencido al personal y celebrando que la Infanta Cristina no pisará el juzgado para declarar -ni tan siquiera como testigo- ante el juez José Castro en relación con el caso Nóos.

Lo que pasa es que, por lo general, las nubes vienen seguidas de tormenta. Así pues, no se fíen de la aparente calma temporal.

corinna-hola