Tejero denuncia a “Arturo Mas”

Antonio Tejero, octogenario y nostálgico, se levantó furioso de su sillón, mientras veía El gato al agua en Intereconomía, y lamentó no tener 30 años menos. Recordó el asalto al Congreso de los Diputados, y los tiros en el hemiciclo, y el “se sienten coño”, y la traición de los militares, y los titubeos de Juan Carlos I, Rey de su rota, mancillada, corrupta y podrida España.

“¡Me cago en tu puta madre, mamón!”, gritó el (poco) venerable anciano, cuando el vetusto programa arrojaba imágenes de Artur Mas, líder de CiU, independentista mentiroso, político nefasto y fracasado, Moisés en los carteles electorales y patriota que guarda la guita en Suiza, que lo de tributar en Cataluña y en España está muy bien, pero solo de boquilla, y no sea que la cosa financiera, bancaria y banquera aquí se ponga más fea (todavía), y peligre la pela –que al final, sigue siendo la pela-.

Tejero acarició su gorro de Guardia Civil y su pistola, pero recordó la vergüenza del procesamiento, la prisión militar del Castillo de la Palma en Mugardos, así como la del Castillo de San Fernando en Figueras o la de Alcalá de Henares. “Con esta edad, ya no merece la pena ir de mártir”, pensó. ¿Cómo fastidiar al presidente de la Generalitat catalana? Denunciándolo. Y envió una carta a Melilla Hoy –publicada este jueves, 22 de noviembre de 2012- informando de esto.

Tejero presentó el 20 de noviembre (una fecha tan venerada y tan venerable por él, por motivos obvios) la denuncia contra “Arturo” Mas por sus continuas y reiteradas “pretensiones secesionistas de una parte importante de España como es el Principado de Cataluña”. El golpista lamenta “el silencio permisivo de los poderes del Estado “porque “ni el Rey, ni el presidente del Gobierno, ni los Tribunales de Justicia ni el Ejército han tomado la menor medida para acabar con este contubernio formado por Arturo Mas y parte de los catalanes”, quienes “han sido envenenados” en su etapa educativa.

Tejero califica de “pecadores” a dirigentes de CiU como Mas, Josep Antoni Duran i Lleida y Jordi Pujol –lo mismo va al infierno hasta la mismísima Virgen de Montserrat, a este paso-, a los que castellaniza el nombre en su misiva al rotativo melillense, y afirma que “los que deben acabar con esa lacra” son el Rey, el Gobierno, la Justicia y la cúpula militar “en lo que le toca”.

Tejero returns.

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¡Bienvenida, Miss Derechona!

“Ya viene, ya viene”, entonaban y entonan los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos desde que nuestro Presidente del Gobierno, expirando en su extremaunción política, convocaba elecciones para el día 20 de noviembre (los niños de la Escolanía gritaban por este motivo, no por la resurrección de Franco, aunque dado el lugar y dada la fecha, no me hubiera extrañado nada).

“Ya viene, ya viene”, vocean los periódicos, las radios y las televisiones, algunos en forma de publirreportajes, con Rajoy, Maricomplejín para unos, Mesías pepero para otros, sobre un rascacielos de business con –según muestra el diario La Razón– pequeños y medianos empresarios, esos que –según dicen- serán los primeros que se beneficiarán de la más que evidente victoria del Partido Popular en las próximas elecciones generales. Las gaviotas llenarán de guano todo un rosal.

Se frotan las manos algunos, no ya sólo por el PP, sino porque España, pese a su carácter centroizquierdista, se está haciendo muy de derechas. La derecha, aunque no esté ocupando no las calles, sí acampa en los medios de comunicación, las administraciones, algunas conciencias y muchos bolsillos. “Venceréis, pero no convenceréis”, le espetó Unamuno a Millán Astray en la Universidad de Salamanca. De haberse producido hoy ese encuentro, el segundo le hubiera replicado: “Pero les llenaremos las barrigas”. Mintiendo, claramente.

España ha visto cómo ha menguado su carácter militar, pero sigue admirando a los tipos que llevan un parche en el ojo. Como a Millán Astray, como a un tal Esparza, que trabajaba en la COPE, se fue de esta por progre y encontró su hábitat natural en Intereconomía, con el Opus por detrás, que agarra la bandera de España –por los cuernos, iba a decir- y grita: “Orgullosos de ser de derechas”. Santiago, y cierra España no con un caballo, sino con un gato.

La derecha, empezando por la convergente Cataluña, donde gobierna una derecha rancia y nacionalista –perdón por la redundancia-, continuando por los feudos gaviotiles de Aragón, Baleares, Cantabria, las dos Castillas, Ceuta, Valencia, La Rioja, Madrid, Melilla y Murcia, con la rara avis extremeña, más el partido del latin-lover Cascos, ha empezado a convertir los estómagos en estadísticas, a destapar el despilfarro y la mala gestión de un gobierno socialista que se lo ha puesto muy fácil para ganar, y a recortar –palabra maldita en la calle Génova y en el condado de Mas- en lo que más duele. Y espérense a que el PP gane las elecciones.

Pese a los gritos indignados, pese al repateo del “me han quitado la piruleta”, pese a las quejas particulares, España ha votado eso. Muy llamativo el dato de la abstención, también el de los votos nulos, pero las reglas del juego no te garantizan nada utilizando esas cartas. La derecha arrolló en las urnas y no lo hizo apuntando a sus votantes con una pistola en la sien. Lo hizo de forma pasiva, silenciosa, camaleónica y contemplativa: no es que la derecha haya vencido en España, sino que la izquierda –la partidista, digo- es un vegetal, como los bonsáis de Felipe.

Tampoco es que nos haya gobernado la izquierda. Yo diría, más bien, que nos han gobernado los progres, ricos con el bolsillo lleno y que llevan a sus hijos a colegios privados, pero que simpatizan con el discurso que suena bien, el solidario, el socialista. Algunos votantes de izquierda se han dado cuenta de que otorgaron su voto a alguien que no, que no los representa, que no, que no… ya conocen el habitual estribillo.

No se puede decir “subiremos los impuestos para mantener –no ya mejorar- las pensiones, la sanidad y la educación”, cuando tú, alto cargo socialista, te has subido el sueldo antes de congelarlo, tienes un coche que te cagas, la escolta de Darth Vader te acompaña a mear, llevas a tus hijos a un colegio privado bilingüe y, encima, tienes garantizada una pensión millonaria de por vida. No ‘semos’ tan ‘gelipollas’ algunos, oiga.

El rol de los complejos ideológicos ha cambiado. Antes, el hombre de derechas hablaba bien de la República para que no le dijeran franquista; retiraba el cuadro de la Virgen del Rocío por una copia del Guernica para que no lo llamaran carca; aplaudía las películas de Almodóvar y renegaba del western; leía a Federico García Lorca y escondía a García Serrano, y compraba dos periódicos, El País y otro de derechas, mostrando el primero y leyendo el segundo pero, repito, mostrando el primero.

Ahora, la derecha está orgullosa de su condición, y declara que las corridas de toros son un bien de interés cultural, rinde culto a la escultura de Federico Jiménez Losantos –no es ninguna coña: búsquenla en la tienda de internet de Libertad Digital, que la podrán obtener por 209 euros-, lleva en procesión a Esperanza Aguirre a la sede de Intereconomía, gritando algún feligrés un viva cada vez que anuncia un recorte, señala a las izquierdas como él causante de todos los males del país, y los condena al infierno laico de la ineptitud –ya digo, en parte, porque las izquierdas se lo han estado ganando últimamente-.

Mientras, la izquierda moderada se esconde, y solo sale a la calle ocasionalmente, como una manada atravesando la sabana: pegan unas voces, dicen “estamos aquí”, meten en el mismo saco fecal al PP y al PSOE, y corre a las diez menos diez al bar que está frente a su casa, que a en punto empieza el Madrid-Barça.

La izquierda que sale a la calle y toma la plaza y, de manera ridícula, también la playa o la montaña (seamos serios, y no hagamos de un botellón en la Costa Brava un acto de reivindicación política), pero se autodenomina cara al público como “movimiento indignado” y reniegan públicamente, por ejemplo, del programa electoral de Izquierda Unida, pese a que más de la mitad de sus propuestas electorales sean calcadas. Que se lo cuenten a Cayo Lara.

Del socialista, ni hablemos. Algunos científicos de Ferraz están desarrollando, basados en la piel del camaleón, un nuevo traje que permita al votante del PSOE pasar desapercibido como tal. El socialista, el de verdad, está defraudado como nadie, acojonado como nadie, sabe que, pese a sus siglas, el PSOE no ha gobernado –al menos, en la última legislatura- en España, se siente traicionado, y se caga en esa economía de Champions League de la que presumía Zapatero. Y si no, es un sectario.

“Ya viene, ya viene” o “Ya ha venido, ya ha venido”, con licencia para todo, a veces, de manera vírica, enfermiza y obscena. Quizás sea el caso más paradigmático el de Cataluña: en Sanidad, reducción de camas hospitalarias y quirófanos por las tardes, disminución de horarios de atención en consultas externas y cierre de casi medio centenar de servicios de urgencias nocturnos. “És necessari aquest sacrifici”, que diría Mas. Sin embargo, al Consejero de Cultura, Ferran Mascarell, no le duele dejarse 1.400.000 euros –no le duele porque no son suyos, sino que están sacados de las arcas públicas- en garantizar que Hollywood doble 25 películas al catalán. “Aquesta és la millor sortida de la pitjor crisi que està patint Catalunya: la cinematográfica”. Y eso que Pa negre va a los Óscar…

No es que tengamos a los políticos que merecemos, sino a los que queremos. Menos lamentos, y más responsabilidad a la hora de votar. Que sí, que la ley electoral es injusta… pero hay partidos que llevan diciendo muchos años que es necesario cambiarla –lo que pasa es que nadie se acuerda nunca de Izquierda Unida- y todo el mundo pasa de ellos como de la cacota. Concluyo con un consejo: léanse los programas electorales… y luego, créanselos o no.