“No es un suicidio, es un homicidio”

En la mañana de este viernes, momentos antes de que una comisión judicial la obligase a abandonar su casa, Amaia Egaña, vecina de la localidad vizcaína de Baracaldo, se subió a una silla y se lanzó al vacío, desde el cuarto piso del inmueble que habitaba. El jueves 25 de octubre, un hombre de 53 años se ahorcó en su casa de Granada por el mismo motivo. Mientras, en Burjassot (Valencia), otro ciudadano se tiró desde el balcón de su vivienda, un segundo piso, justo cuando otra maldita comisión judicial le iba a echar de su casa.

Según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el segundo trimestre de este año los desahucios solicitados ascendieron a 18.886, mientras que los órganos judiciales acordaron la práctica directa de 29.275 desahucios. Entre 2006 y 2011, se presentaron en España 396.943 ejecuciones hipotecarias, y en el primer trimestre de 2012, alcanzamos la media de 510 desahucios ordenados al día.

A las 19:30 de la tarde de este viernes, miles de personas –ocho mil, según los organizadores- se han manifestado en Baracaldo. Por fin, en un evento de este tipo, se han coreado y se han leído lemas que no se andan con rodeos y chiquitas; consignas directas, crudas y realistas, como “Asesinos”, “Ellos la pasta, nosotros los muertos” o, mi favorito: “No es un suicidio, es un homicidio”.

En mi humilde opinión, ya va siendo hora de que en las manifestaciones se digan cosas en serio y de que los mensajes apunten a la cabeza del enemigo, como si fueran dardos, y no mensajitos con emoticonos de ‘whatsapp’. Basta de los “que no, que no, que no nos representan”. Basta de los “esta crisis no la pagamos”. Basta del “banquero que no bote”. Esas gilipolleces no van a ningún lado. Llamémosle al pan, pan; al vino, vino, y al asesino, asesino.  Dejemos atrás eufemismos, algodones de azúcar y batucadas, por favor. Digamos las cosas en serio. Plantemos cara a estos malnacidos en serio.

¿Qué han dicho los partidos políticos al respecto? Nada interesante. Salvo el portavoz de la Presidencia de Ezker Anitza-IU, Íñigo Martínez, que ha calificado de “asesinato” el suicidio de Amaia, todos se han salido por la tangente y han empleado un lenguaje políticamente correcto. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dicho –con esa vehemencia tan firme y furtiva que le caracteriza- que el Ejecutivo plantea “paralizar los desahucios de las familias más vulnerables”. ¿Cómo? Ni idea. ¿Cuándo? En breve. Y así.

Por último, lamentar que hayan tenido que suicidarse tres personas para que el PP y el PASOK, digo, el PSOE, empiecen a mover el culo para hacer como que se interesan por el asunto. Yo animo a las malditas comisiones judiciales a que acudan a la calle Ferraz, a la calle Génova, a la Moncloa, al Congreso de los Diputados, al Palacio de la Zarzuela, al Palacio de la Presidencia de Andalucía o a la Generalidad de Cataluña, para entregar el mismo mensaje fatal, terrible y sangriento que entregaron a Amaia, al vecino de Granada o al de Burjassot. A ver si tenemos suerte y se suicidan unos cuantos –políticamente hablando, quiero decir-.

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