Apariciones bolivarianas

A los niños de Fátima se les apareció la Virgen María para anunciar la II Guerra Mundial. A Salvador Dalí quien se le apareció fue Lenin  y hasta en seis ocasiones (pictográficamente hablando, al menos). Por su parte, Nicolás Maduro recibe la visita del Más Allá en el Más Acá de Hugo Chávez Frías, en forma de “pajarito chiquitico”, y este va y le bendice la campaña electoral. Yo, por más que lo he intentado, todavía no he conseguido encontrarme con la Niña de la Curva, que me han dicho que está hasta buena, aunque sí con Beetlejuice: todos los sábados, a las seis de la mañana, cuando regreso a casa con unas copas de más.

No sabemos si Maduro empleó el mismo modo de invocación que el del fantasma de Tim Burton, repitiendo tres veces “Hugo Chávez”. Al producirse la aparición en una capilla católica, sí suponemos que el candidato oficialista a la presidencia venezolana no dibujó un pentáculo en el suelo con sangre de una virgen ni degolló a una cabra negra. Cuenta Maduro que, mientras oraba, irrumpió el ave en la escena, dio tres vueltas sobre su cabeza y se estableció la comunicación: “Me lo quedé viendo y también le silbé. Pues ‘si tú silbas, yo silbo’. El pajarito me vio raro, ¿no? Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él, de Hugo Chávez”. Conste que el “sucesor” chavista no pronunció estas palabras colgado de opio ni en un after, sino en un acto con los hermanos del presidente difunto, en su casa natal.

Pese a adoptar la forma de un bonito e inocente pajarito, la aparición de Hugo Chávez me tiene bastante acojonado. Los espíritus empiezan su tournée terrenal con visitas esporádicas, pero le pillan pronto el gustillo a la Tierra, aumentan su permanencia en el Más Acá poco a poco y terminan por agenciarse una habitación en tu casa y por poseer al personal, con todos los problemas cervicales que eso suele conllevar, como pudimos comprobar con la niña de El exorcista. Los espíritus son como suegras indeseables, vaya. Imagínense a un tipo poseído por Chávez, gritando en plena calle “¡Exprópiese!”, cantando rancheras con el chándal patrio, llamando a Aznar fascista en cumbres latinoamericanas y lamentando que las croquetas caseras de tu abuela saben a zapato imperialista.

Quien está bastante acojonada por la aparición de Chávez es la Familia Real española. Con la que está cayendo sobre ellos, temen que el espíritu del líder bolivariano posea a alguno de los asistentes al futuro funeral -cuando le toque, puesto que nadie es eterno- del Rey Juan Carlos y que, en plena misa, empiece a gritar: “¡Ahora quien te callas eres tú!“.

Ya de por sí que nos sobran políticos en este mundo como para que vengan los del otro, coches oficiales y dietas incluidas. Con lo que cuesta mantener eso. Que no, que no. Además, esta gente es muy envidiosa y muy de “culo veo, culo quiero”. Baste que Chávez venga en forma de pájaro para que el resto de políticos difuntos quiera regresar en forma de león, de velociraptor o de garrapata -estado natural de muchos-. Imagínense, qué sé yo, a los espíritus de Fraga o de Carrillo de parranda post mortem, en un concierto de Julio Iglesias o en las fiestas del PCE. A mí me da mucho yuyu la cosa. O Anne Germain pone a los espíritus en su sitio, o tenemos motivos más que suficientes para dormir un poco menos tranquilos.

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