Casi muertos

Nos están matando. Nos atizaron con asignaturas víricas en la carrera de Periodismo (¿carrera?, perdón por el exceso de humor negro), nos quebraron las piernas en el paro, nos exiliaron en la desidia, cuando no nos oficializaron, convirtiéndonos en correas de transmisión, en meretrices de políticos, banqueros, empresarios, sindicalistas y demás deidades de marca dorada, sepulcros blanqueados, que decían los Evangelios. Que el Periodismo no es lo que era es algo tan evidente como que los peces respiran por branquias y que las urracas, los cuervos y las cornejas son los primeros que avistan los cadáveres de animales que, horas después, acaban de ser devorados por los buitres -leonados y negros, en la geografía nacional-. Los que quisimos ser reporteros, los que quisimos estar en la calle, descubrir historias y contarlas al mundo, los que vivíamos el Periodismo y, especialmente, el reporterismo, como una necesidad vital, estamos, profesionalmente, casi muertos. Almuerzo con Alberto Rojas y con Raúl del Pozo. Los envidio con salud/sanidad, antes de que Ana Mato acabe definitivamente con ella. Escucho más que hablo, y Alberto dice, entre muchas otras cosas, que “es lo que es” -un grande; esto lo suelto yo- porque ha trabajado con verdaderos sabios de/en la materia; de Raúl del Pozo, ¿qué contar? Es un maestro bueno, el espalda plateada de El Mundo, un reportero que hace columnismo. Cuando el periodista de Cuenca informa, una gaviota se caga de miedo. Ahora, los periodistas no quieren ser reporteros, sino columnistas, y pienso que eso, salvo en contadas excepciones, se debe a que la carrera se ha llenado de escritores frustrados. Creo que nunca seré como Rojas y del Pozo, porque ahora, a los medios, no les interesa el reporterismo ni los reporteros. Se limitan, en el mejor de los casos, a conservar a los que tienen, cuando no los van despidiendo poco a poco. De fomentar la cantera ni hablemos. El equipo filial del reporterismo español está lleno de cadáveres, es un ejército de no-muertos. Los periodistas jóvenes, los ‘afortunados’ que tenemos ‘trabajo’, nos ceñimos a la necesidad, a la supervivencia, y el primer escalón de la pirámide de Maslow no pasa por el reporterismo, o viceversa, no sé. Me dijo otro maestro, Antonio Lucas, que el Periodismo español está en tan mal no solo por culpa de la crisis, sino porque hemos bajado el nivel informativo. Amén jefazo.

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