Ni tan buenos, ni tan malos: Crítica a la entrevista a Ahmadineyad.

Posted on 17 marzo, 2011 por

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Encontrábame yo en mi idilio holandés cuando cierto gallego amigo mío, que he conocido en mi exilio Erasmus en La Haya, me llamó por Skype para darme la increíble noticia: “Mañana por la mañana, tu amor –dijo satíricamente- va a entrevistar a Mahmud Ahmadineyad”. Mi amor, obviamente, era Ana Pastor. Hizo este comentario en referencia a las impresiones sobre ella que justo el día de antes yo le había manifestado. Le dije que en mi opinión Ana Pastor era una de las mejores –si no la mejor- periodistas de España. Por su coraje, imparcialidad y capacidad para poner contra las cuerdas hasta al más demagogo de sus interlocutores, Ana Pastor se ha hecho su propio hueco en el mundo de la comunicación española. Ahora tenía la oportunidad de hacer una de las entrevistas soñadas por todo periodista, a una de las personas más polémicas de este mundo: el Presidente de Irán. Tenía la oportunidad de demostrar todas esas virtudes. Y las demostró. O casi. O digamos que lo intentó.

Porque en frente no tenía a los típicos políticos españoles a los que podría estar acostumbrada y con los que tan bien sabe lidiar. En frente tenía a todo un Presidente de Irán, un chií para más inri. Una persona de fortísimas creencias y costumbres, como ya demostró al comienzo de su discurso con su oración, que tenía muy claro cuál era el mensaje que quería mandar. Porque no nos engañemos, en este tipo de regímenes islámicos, de pseudodemocracias –por decirlo de alguna manera- donde la palabra del presidente no puede ser contradicha, la concesión de este tipo de entrevistas a la prensa internacional persigue un fin únicamente propagandístico. Todo está bajo control y perfectamente estructurado para que el mensaje que se pretende enviar al mundo quede perfectamente claro. No es de extrañar por ello que las traducciones simultaneas entre ambos le dieran a menudo tiempo más que suficiente a Ahmadineyad para responder, que la deficiente traducción al español fuese hecha por un iraní o que el Presidente desoyese reiteradamente las preguntas de la periodista para incidir en su mensaje. Todo esto lo sabía Ana Pastor –o debería haberlo sabido- e intentó contrarrestarlo como pudo, aunque en mi opinión sin demasiado éxito. Las adversidades eran muchas y Ana estuvo toda la entrevista intentando coger la sartén por el mango, como en ella es habitual, sin llegar a conseguirlo.

Es la consecuencia, por otra parte, de no ser tú quien dicta las reglas del juego sino tu oponente. Tanto en “59 segundos” como en “Los desayunos de TVE” las reglas siempre han estado claras y ella se ha ocupado de que sean cumplidas. Aquí no. Este no era su programa, aunque lo fuera. Con una personalidad de este estilo, las reglas cambian. El resultado entonces fue la entrega del mensaje, tal como estaba previsto. Un mensaje claro y simple. Y lógico. Un mensaje que no por esperado, fue menos demoledor: Occidente siempre ha apoyado y armado a los dictadores, ergo los dictadores usan esas armas contra su pueblo, ergo la culpa es de Occidente, ergo no más intervención.

El Twitter ayer echaba chispas con ella. No es para menos. Aunque en mi opinión, todos los desaforados alabadores de Ana, que llegaron a afirmar que lo de ayer fue una lección de periodismo nunca vista, deberían ver “Los Desayunos” más a menudo. Se darían cuenta de que  lleva mucho tiempo dando lecciones de periodismo y también de que ayer, por más que la mayoría acabe de descubrir el fuego en Ana, no fue su mejor entrevista -a pesar de ser una gran entrevista-. Al contrario, ella se mostró nerviosa durante toda la sesión. Desde el principio sus gestos la delataron. Manos en la cara, dedos señaladores y acusadores, boca apretada… Todo lo contrario que Ahmadineyad, que se mostró tranquilo y sonriente la mayor parte de la conversación. Apenas gesticuló con las manos y no se salió del guión ni cuando a Ana se le cayó la hiyab. Ella, insistente e incisiva como es, le puso en algún aprieto, no hemos de negarlo. Hasta el punto de que el Presidente tuvo que ponerse firme y dejar patente que no iba a admitir imposiciones, pero incluso esto lo hizo sin perder la sonrisa. Y como decimos, el resultado fue la entrega del mensaje, que Ana no fue capaz de evitar. Ni siquiera pudo Ana volver al tema nuclear, con el que empezó la entrevista y sobre el que manifestó que le gustaría indagar más. El Presidente manejó tan bien los tiempos y se explayó tanto en su mensaje, que fue imposible evitarlo.

Un mensaje que, por lo que he leído, está siendo menospreciado. Lo cortés no quita lo valiente, y no por ser Mahmud Ahmadineyad el presidente de un régimen autoritario deja de tener razón y de decir verdades en sus afirmaciones. Y también mentiras. Sus acusaciones sobre la tutela de Occidente a las dictaduras que están cayendo durante décadas no deja de ser una verdad incómoda. Da que pensar asimismo su afirmación sobre que el pueblo europeo es prisionero de los partidos políticos, y estos, al igual que los gobiernos occidentales, prisioneros del régimen sionista. Lanzó también una pregunta retórica: ¿cómo pueden llamarse democracias aquellos regímenes que apoyan y arman a dictaduras?

Por supuesto también mintió y ocultó, como suelen hacer los Presidentes autoritarios. Zanjó el tema del paradero de los opositores Mousaví y Karrubí con un “¿y a ti que te importa?”, además de distorsionar su falta de libertad de expresión comparando las manifestaciones de sus opositores con grupos terroristas. Mintió también al afirmar que nadie va a la cárcel por escribir un libro, cuando Salman Rushdie, escritor de Los versos satánicos, ha sido perseguido por Irán durante más de 10 años por escribir ese libro, con la intención de darle muerte por hereje.

Por todo ello, esta entrevista se convierte en propicia para sacar muchas conclusiones que a menudo nuestra cerrazón, prejuicios o ignorancia no nos permite. Nos permite darnos cuenta de que, por ejemplo, Ana Pastor es la mejor periodista española del momento, aunque esta entrevista no la haya coronado como es debido. También, que a menudo la crítica española se obceca en aplaudir hasta el paroxismo todo aquello que ven fuera de lo común, sin demorarse en una visión más profunda. Por otro lado, si nos damos la oportunidad, nos permite hacer un ejercicio de librepensamiento para ver que detrás del discurso de un presidente autoritario se esconden verdades, aunque también mentiras. Criticamos el mundo de la información español con asiduidad, pero sin embargo, cuando tenemos en nuestras narices la oportunidad de ser verdaderamente críticos, la dejamos pasar por prejuicios o fanatismo. Un poco más de visión crítica, por favor.

Aquí les dejo la entrevista, adelante: http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-desayunos-de-tve/ahmadineyad-intervencion-militar-libia-solo-empeorara-cosas/1045723/

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